Portafolio, perfeccionismo y mentalidad. ¿Realmente alguien busca alguien como yo?
En mi sesión matutina de consumo de contenido sobre video editing me topé con un video que decía que no hace falta ser la mejor editora de video del mundo para conseguir clientes. Esto es obvio: las necesidades del mercado no siempre coinciden con nuestra propia necesidad artística de crear algo lo más cercano posible a la perfección.
Aun así, el conflicto que me mantiene en la línea de partida es la idea de que debe existir un nivel base “suficiente” para que alguien elija realmente trabajar conmigo y que no se trate de un cliente que pague mal o poco en relación con el esfuerzo que pongo.
Buscando por internet me encuentro siempre con showreels maravillosos y portfolios envidiables, y es fácil exigirme esos mismos estándares, incluso si no es justo. Porque cuanto más consumo audiovisuales de una calidad tremenda, más me doy cuenta de cuánto aún tengo que mejorar, incluso casi un año después de decidir tomar esto en serio.
El problema es que esta comparación constante da a luz a un perfeccionismo que puede mantener a cualquiera como estudiante eterno: alguien que nunca siente que lo que ya sabe hacer es suficiente.
Y a veces, genuinamente, lo creo. A veces creo que no puedo con todo; que la distancia que me separa de ser alguien digna de ser llamada profesional es abismal.
Pero no tiene por qué ser así. Cualquier oficio tiene niveles de complejidad, y para cada nivel existe un espacio en el mercado laboral. Que una persona ingeniera no trabaje en el MIT investigando naves espaciales (y sea un genio) no significa que no sea profesional. Porque la profesionalidad no es necesariamente “ser de las mejores”, sino poder ofrecer lo que un cliente necesita de forma seria y responsable.
Bajo esos estándares, no: no es que no sea profesional. Soy profesional, solo que todavía con dudas y miedos que se disipan con experiencia y con una relación constructiva con el cliente.
Porque si puedo ahorrarle tiempo a alguien y hacer algo que esa persona no sabe (o no quiere) hacer por su cuenta, le estoy dando un servicio de valor.
Y si hablamos de lo creativo y lo artístico… Muchas veces es el ego el que quiere que todo lo que hagamos sea nuestro mejor trabajo. Y no está mal apuntar a la excelencia, pero es mejor que algo se haga a que se quede eternamente ajustándose para alcanzar la perfección.
Esto también se ve en cómo nos presentamos a clientes: no es que para presentarme tenga que tener una marca personal impecable y un portafolio de infarto. Simplemente tengo que hacerlo con los recursos que tengo, de modo que pueda llamar la atención con mis aptitudes y con quién soy como persona.
Al final, todo lo demás se puede entrenar; se puede aprender sobre la marcha. Lo realmente importante es la calidad humana y la ética de trabajo.
Y…Personalmente, todo lo que he escrito arriba es algo que recién voy entendiendo. De hecho, escribirlo me lo hace aún más claro.
Yo siempre quise darme a conocer por algo que llamara un poco más la atención por su factor creativo, pero no necesariamente debo usar esa creatividad al 200% en todos los proyectos y con todos los clientes. Puedo relajarme, cumplir indicaciones y simplemente empezar conversaciones primero: ofrecer mis servicios, mostrar lo que tengo para mostrar y, aunque falle o no encuentre a nadie de buenas a primeras, habré atravesado el bloqueo del perfeccionismo.
Mientras tanto, mejorar el portafolio “a nivel 1” es la meta, pero no es un límite lineal. No es que solo al terminar el portfolio seré digna de trabajar. No es así.
Así que, manos a la obra. Siempre encontraré el tiempo de mejorar y, quién sabe, llegar al nivel genial de esa gente que tanto me inspira.
P. S.: Si eres un cliente potencial, sí, no tengo miedo de decir que por el momento busco trabajo. De todas formas, mi experiencia se nota también en mis palabras. ¡Estoy trabajando para que mi perfeccionismo se convierta en eficiencia y responsabilidad!